Yanitzia Canetti es escritora, traductora y editora de libros para niños y jóvenes, principalmente. Nació en Cuba y actualmente está radicada en Boston, donde vive junto a su esposo y sus dos hijos. Ha publicado más de 100 libros y traducido alrededor de 200, muchos de los cuales han sido galardonados con distinciones y premios. En esta entrevista nos habla de su obra, su inspiración y de la importancia de la lectura.
En tu entrada al mundo de la literatura infantil, ¿qué vino primero, la traducción o la creación de obras de tu autoría?
Primero vino la creación de obras originales. Comencé a publicar en Cuba, muy joven, y luego continué publicando libros cuando emigré a Estados Unidos. Lo de traducir es algo relativamente reciente, comencé en 1994. Como trabajaba editando libros para el sistema escolar, se presentó la oportunidad de traducir un librito para niños, Amelia Bedelia. Así que ese camino "se hizo al andar", como dice la canción.
Quizás uno de los autores de libros para niños más complejos que has traducido al español es Dr. Seuss. Los libros de este autor, originalmente escritos en inglés, están formados por muchos juegos de palabras y rimas, varios de ellos imposibles de traducir literalmente... ¿Cómo enfrentaste, exitosamente, este desafío?
Me ha tocado responder muchas veces esa pregunta y supongo que se deba al asombro que produce una literatura que juega tanto con una lengua en particular. En este caso, Dr. Seuss hace toda clase de peripecias lingüísticas, es experto en hacer maromas con la palabra, dándole a cada verso múltiples sentidos en un infinito juego y rejuego. Pero detrás de ese mundo disparatado y loco, hay siempre un sentido muy lógico en lo que dice, una cordura extrema. Y es este el desafío más grande para el traductor. Si logras traducir "su forma", ¿se logró también traducir "el contenido"? Y si se logra traducir el contenido, ¿se hizo respetando esa misma forma alocada y graciosa? Para traducir a Dr. Seuss no queda más remedio que ponernos por un rato el sombrero del gato. Yo me pongo en sus zapatos y trato de imaginar cómo el propio Dr. Seuss hubiera escrito ese mismo libro de haber hablado español, no inglés. Habría optado por los ricos recursos del lenguaje español, por sus giros idiomáticos, por sus simpáticos refranes y por sus rimbombantes y elocuentes términos, y lo habría dicho a la manera cultural de los hispanohablantes, con los matices del sentido del humor que nos caracteriza y la multiplicidad de sutiles connotaciones que también tienen ciertos términos nuestros. Es un desafío que disfruto a lo loco.
Revisa algunos libros de Dr. Seuss en español.
Tus propios textos, como por ejemplo, el simpático libro Ay, Luna, Luna, Lunita, están escritos en versos y en ellos la rima es parte fundamental del cuento y de la lectura que estos provocan. ¿Cuál es la importancia que le entregas a la rima tantos en la creación como en el acto de leer en tus cuentos para niños?
Ay, luna, luna, lunita, Completamente diferente, Un poquito más y El príncipe azul, que son los cuatro libros que escribí para la colección Rascacielos de la editorial Everest, combinan la prosa y la rima. Lo hice porque sentí que el texto lo demandaba así. Fueron cuentos pensados para niños a partir de 6 años. La rima es un recurso fabuloso... y contagioso. Fue el recurso que usaron nuestros ancestros para recordar las historias que se transmitían de generación en generación de forma oral. De haberlas contado como una larga narración, tal vez se habrían olvidado de muchas partes. Las rimas, las canciones, las retahílas, ayudan a fijar los hechos. Por eso acudo a los estribillos, a las frases que se repiten, a las anáforas y a recursos lingüísticos que hacen más divertido el cuento, lo sazonan con ingredientes más sabrosos.
El humor es otro elemento fundamental en los libros de Yanitzia Canetti. Pienso, en especial en la colección basada en los cuentos de hadas tradicionales "Había otra vez", que publica la editorial española Everest. Cuéntanos qué fue lo que gestó este proyecto, te pareció que había una necesidad de entregar "otra lectura" a los niños acerca de estos cuentos.
Mis hijos nunca están conformes con el cuento que les cuento cada noche. Ellos lo modifican, lo cambian, le agregan un personaje o quitan al que no les gusta. Se me ocurrió que las generaciones de niños de hoy, sometidos a un bombardeo de estímulos tecnológicos, disparidades y paradojas globales, cambios vertiginosos y encontronazos culturales, estaban ansiosos por "un cuento distinto", por una historia fantásticamente creíble. Acudí a los clásicos y desde estos, imaginé a Caperucita descolorida, La fea durmiente, El patito bello, Aladino y la lámpara espantosa, Blanca Nieve y los siete gigantones, La peluca de Rapunzel, Pinocho no era el mentiroso y Ceniciento. Los títulos pueden darte una pista de que algo está al revés. Y sí, lo está.
Son los mismos cuentos clásicos imaginados en un contexto actual, en rima, con mucho humor y en cualquier país. Caperucita, por ejemplo, es de Tijuana, en vez de un bosque, atraviesa el desierto, y en vez de encontrarse con el lobo, encuentra a un coyote. Ceniciento es un chico ruso que se enamora de una locutora de televisión y a las doce del mediodía... Blanca Nieve es africana y vive con siete gigantones... Y Aladino, "que es un niño muy fino y no el pobre indigente que imagina la gente", encuentra una lámpara espantosa... La fea durmiente es andaluza y vaya que tiene salero Lolita, y Rapuzel, que no tenía un pelo de tonta, era argentina y se quedó pelona con tanto tirón de trenza que le daban a la pobrecilla. Estos cuentos tienen dos o tres lecturas, para chicos y no tan chicos, y buscan un replanteamiento -a través del humor, la rima, el contexto moderno, etc.- de esos valores inculcados por tantos años, que hacen creer que las princesas son la octava maravilla rubia cuyo premio es siempre un príncipe azul con final feliz. Yo creía en eso hasta el otro día, pero los niños se hoy ya no se creen ese cuento.
En tu literatura convive la escritura para adultos y para niños, ¿son estas dos expresiones completamente diferentes entre sí o tienen puntos en común en tus obras?
No lo he pensado. Le dejo esa tarea a los críticos. Creo que soy la misma persona que les habla a dos públicos distintos. Les puedo contar incluso lo mismo, pero con palabras distintas y con modos distintos de contarlo, buscando sobre todo, comunicarme con ambos mundos. Tal vez soy una adulta que convive con una niña muy inquieta dentro, o quizás soy una niña que nunca creció pero se disfraza de adulta para sobrevivir en un mundo de adultos. En cualquier caso, soy la misma persona que tiene algo que decir y quiere decirlo. A veces, quiero contárselo a mis hijos, y por extensión, a todos los niños. A veces, quiero contármelo a mí, a mis amigos, a mi familia, y por extensión, a todos los que quieran adentrarse en mis ficciones.
Hablemos de inspiración… ¿a qué niño le escribes tus libros? ¿Tienes siempre presente al lector de tus libros durante el proceso creativo?
Sí, escribo para alguien, aunque sea solo para mí. Aunque no imagine a un lector particular, siempre está presente la idea de un lector. Mis libros para niños son casi siempre para mis hijos, Ares y Eros, pero también para niños que conozco de pronto y que me inspiran muchísimo. Vi el otro día a un niño en el mercado, que miraba con ojos redondos un libro de ciencias. No sabía leer y su padre me dijo que tenía problemas de retraso del habla, pero conocía los nombres de todos los animales, ¡los nombres científicos! ¿Cómo no inspirarme con un niño así? A mi puerta tocó un día Tim, un vecinito de apenas tres años, de cabellos colorados, una constelación de pecas en la cara y ojos brillantes. Me preguntó si yo era la escritora que salía en el periódico que leía su padre y cuando le dije que sí, empezó a dar brincos. No se me ocurrió otra cosa que regalarle un libro y prometerle un cuento muy especial. Hace un tiempo, conocí a Emma Isabel, una niña que tiene dos papás fabulosos y dos hermanitos gemelos. Ella tenía en su librero buena parte de mis libros y los leía con especial cariño. Apenas la conocí, me vinieron a la cabeza muchos cuentos. Y tendría que darle crédito porque fue ella quien los inspiró. Tu propia hija, Ale, parece salida de un cuento, con esos rizos dorados que tiene y esa forma de devorar el mundo con la mirada, tan curiosa por el mundo que la rodea. Los niños son una fuente inagotable de inspiración. No dejaré de escribir para ellos. También lo haré para los adultos, donde abordo temas demasiado adultos, pero quizás con la secreta esperanza de que nunca dejemos de ser niños.
¿Cómo convive la ilustración con el texto de tus cuentos para niños? ¿Has tenido alguna opinión en la elección de los ilustradores o del estilo de ilustración que te gustaría tuviera alguno de tus libros en particular?
No, no intervengo en esa decisión. A veces me aventuro a sugerir algunos nombres cuando tengo una determinada idea. Y a veces los editores que compran mis manuscritos, comparten conmigo sus ideas acerca del ilustrador que ellos prefieren para tal o cual cuento, pero yo confío completamente en la decisión de mis editores porque son ellos quienes invierten en la publicación de mi libro y los que saldrían más perjudicados con una mala decisión. Por otra parte, las editoriales con las que publico son excelentes, con personas que respeto y admiro muchísimo desde hace años. Cuentan con ilustradores de primera línea, casi todos premiados y con un portafolio impresionante de obras y estilos. Cierto es que a veces me inclino por algunos más que por otros, pero tiendo a pensar que si ellos eligieron a determinado ilustrador, sus buenas razones tendrán. Al final, he notado que han obrado con sabiduría... y buena puntería. De modo, que "zapatera a sus zapatos". Me limito a escribir y a opinar muy humildemente cuando sugiero a un artista para algunos de mis libros.
En tu opinión, cuáles te parecen que son la necesidades en cuanto a la lectura y el acceso a los libros en español para los latinos que viven en Estados Unidos y, por qué no, para los estadounidenses que conviven día a día con nuestra cultura.
Las necesidades de lectura son las mismas, creo yo, para todos. Necesitamos leer. Aunque tengamos otras mil formas de adquirir conocimiento, la lectura sigue siendo un placer para los sentidos y no puede ser reemplazado por los otros placeres. Los medios audiovisuales (un documental, una película, un video clip) nos impone una imagen, la de su creador; con la lectura, nosotros tenemos que formarnos esa imagen por nuestra cuenta y a nuestro modo, tenemos que imaginar lo que dicen las palabras. Es un mundo con más posibilidades imaginativas, mucho más propio y más íntimo, creo yo. Los niños hispanohablantes tienen menos acceso a los libros en su idioma porque viven en un mundo primordialmente anglosajón. Pero la buena noticia es que han surgido muchas editoriales que publican en español y otras, que antes solo publicaban en inglés, se han dado cuenta de la cantidad de lectores que se están perdiendo por no publicar en español y han comenzado a traducir sus libros... pronto comenzarán a publicar textos originales, eso espero.
Puede que múltiples factores políticos atenten siempre contra el sentido común, pero los números hablan mucho más alto que la ignorancia política y los temores patológicos a lo nuevo o a lo desconocido, así que aun con todo el sentimiento anti-inmigrante que se manifiesta contra el idioma español, se siguen publicando más y más libros en nuestro idioma. Lo que hace falta es abrir los caminos que van del productor al lector. No siempre funcionan los mismos canales de distribución que se usan para un mercado tan conocido y aceptado como el del idioma inglés. La mejor manera de que nos conozcan bien, me refiero a nuestra cultura hispanoamericana, es que lean libros escritos por nosotros y con nuestra manera de ver el mundo. Se teme a lo desconocido y se ama lo conocido. Tenemos que darnos a conocer. Los libros son un hermoso camino para lograrlo.


